Los dejé botados mucho tiempo. Hice lo que nunca pudo hacer Quevedo en el Siglo de Oro. De poco vale en todo caso, ya que los poetas actuales postulan que es muy peligroso asomarse al interior, y abjuran de las formas y las cuadraturas precisas y románticas del renacimiento.
Me acuerdo mucho de Rubén Darío, de John Keats, de Enrique Lihn.
Me acuerdo también de los cantantes campestres, de las novelas pastoriles, de las ovejas y sus lanas que raidas y convertidas en ropas, solían caer en los pastizales oscuros de los campos de la Edad Media. Siempre me he preguntado raramente, si Jorge Manrique o Lope de Vega habrán experimentado gula o lujuria en aquellos paisajes agrestes.
No es morbo, sólo creo que los placeres más sencillos son el último refugio de los hombres complicados.
Ciertos Sonetos
Uno.
Los crímenes, las culpas, de margen postrero,
me daban a entender que todo se acababa,
y si acabo con ambos, ¡Ay! fulgores verdaderos
se apoderarían de mis muros y quebradas.
No es culpa ya de nadie, hasta aquí haber llegado,
ni haber seguido tanto igual, por una tradición,
realidad tan pasajera, constructora de ilusión,
que derriba más los ciclos con los que vamos cambiando.
¿Sabrá tu prole que no soy tan mal vivido?
¿Sabrá la mía que nos ha juzgado mal?
Respuestas solo dadas en lo que hemos cometido.
¿Sabrá tu sexo digno de animal,
que nunca el tiempo se encuentra perdido
y que sin ropajes hay que aprovechar?
Dos.
Veo mis campos verdes, rodeados de amarillo,
y un poco más allá, destacan rocas rosas.
Son tantos, que por serlo ya no ostentan brillo,
atados al valor convencional de las cosas.
Atrás, en su sombra, parecen reir los pinos,
y un poco más allá, destaca el sol que quema,
los pastos, las parras, los cuerpos y los vinos,
por faltas y castigos, soluciones de problemas.
Yo me quedaré, y no hace falta que acompañen.
La paz y la quietud ya no revientan las venas,
por más que los recuerdos del pasado desentrañen.
Si quieren venir, bien, no puedo yo negarlo,
los ojos son del alma, y nos dieron libertad,
exencion tan principal, quizás para disfrutarlo.