Extracto de la columna de Arlt en "La Gazzetta d' il Capitano", Capitán Pastene, Lumaco, Chile.
Publicado en Agencia Nacional de Servicios Informativos y Publicidad. - Número 7
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| No, niños, esta imagen no es de Venezuela (Disclaimer necesario para que no me acusen de manipulador ni de bot) |
Ante los sucesos que de lado y lado y día a día, vemos en la hermana nación venezolana, se nos podría venir sólo una cosa a la mente: la imagen del Woody Allen en "Bananas", de ese pueblerino idiota que llega a ser guerrillero por un motivo ulterior -tirarse a la jovencita de la película-, y que termina con el balón del poder en sus manos, sin siquiera proponérselo, porque el gobernante de turno se chifló gobernando con decretos que ordenaban cambiar la lengua oficial al sueco y un cambio de ropa interior cada media hora.
En el barrio, clásica expresión, a modo de espejo, de raigambre cultural y social, solíamos decir "el más huevón al arco", y así los honores recaían en el que a final de cuentas, tenía el puesto de mayor responsabilidad. En un contexto país, donde la realidad cotidiana es barrial, como Venezuela, esta situación era más que esperable. Sin embargo, se pasó de tener en Chávez a un arquero formidable, con prestancia (que le fueran a decir que no...), capacidad de estar en todas (con su programa de ocho horas los domingos), y pragmatismo (con su ideología clara de cuerdas separadas) a un arquero al cual le cayeron los guantes porque sí.
¿Es Maduro el indicado para sostener el mentado proceso revolucionario, si en vez de la política clásica de gratificación y castigo para mantener el orden, ofrece sólo palos? Portales, que lejos de ser un revolucionario, fue un tipo pragmático, se caga de risa en donde esté, junto a Hugo Chavez, y a una larga galería de conspicuos gobernantes que supieron perfectamente el mecanismo que mueve desde siempre a la política. La voluntad de diálogo es vital para sostener una democracia, asi como es vital pedir algo que te quitan por favor, antes de pegar el combo en la naríz, o peor aún, bajo el cinturón.
Sea Chile, Venezuela, Uganda o Myanmar, la democracia jamás quedará supeditada a un número determinado de participantes o a la periodicidad de una elección, y ya es de díscolos (por no decir francamente idiotas) pensarlo. Tampoco hacen falta reflejos felinos, ni visión de lince para saber que un país en donde el actual mandatario ganó las elecciones con un 50% y fracción, es un polvorín donde no van a perdonar error protocolar y de derecho alguno. Mucho menos si ese error, el "milagroso" control de precios, genera una inflación y un desabastecimiento tal, que ni siquiera la WPA de la saga de Ampuero, puede provocar. No con una industria petrolífera que funciona a números rojos pudiendo estar a alturas de Luxemburgo.
No se qué tiempos se avisoran para los caribeños. La película Bananas terminaba con Woody haciendo lo que quería, abrazado en su camastro junto con su co-estrella, siendo esto transmitido por la NBC. En el gobierno venezolano, creen poder hacer lo mismo con la quimera de la Ley Habilitante, que a todas luces parece dar el mismo placer a Maduro que a Fielding Mellish, quien quizás nunca pensó verse comparado al mismísimo dueño de PDVSA, y controlador de los medios.
Winter is coming, dicen los optimistas.
This summer is magic, dicen los oportunistas.
Al mismo tiempo, los defensores de la violencia, los apologistas del caos que nunca han tomado un méndigo fusil y los revolucionarios que plasman su tinte sanguinario, pero con la comodidad de un café al lado, se darán un festin de uppercuts contra supuestos bots que manipulan imágenes, contra las noticias que no son confiables ni confesables porque no les dicen lo que efectivamente quieren escuchar.
Sigan desenmascarando montajes, bots, peleando contra enemigos invisibles.
Ni sospechan que mañana pueden ser los siguientes de la fila.
Ni sospechan que mañana pueden ser los siguientes de la fila.
La puta vida, es una rueda.
Pregúntenle a Leopoldo López, en 5 años más, si es que no lo matan también. O pregúntenle al mismo presidente, a esta hora, rodeado de partidarios, mientras por sus venas escurren sangre, rabia y nervios.
Con infinito respeto.


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