"-Mati, dijo el doctor que si hacías básquetbol o voleibol serás más alto.
-Pero si ya soy el más alto de la casa, ¿pa qué?"
Conversa con mi mamá, respuesta hueona de la que me arrepiento.
¿Negado para los deportes? Sí.
Nunca les puse empeño alguno y asumo las culpas, dentro de las pocas que realmente tengo que asumir, ahora que me considero un fan del basquetbol, que lo practico asiduamente y que uso las zapatillas que el rubio Larry Bird sostiene en el anuncio.
La primera referencia que tuve de los balones naranjos, fue un jockey pequeño con el que tengo algunas fotos. Era uno de Los Angeles Lakers, que ahora debe yacer olvidado en algún rincón de la casa o en alguna ropa americana.
Mi mamá dice que le gustan los del Staples Center sólo por eso. Mis primos eran más ventajistas, porque disfrutaban de Jordan, Pippen y los teams de Phil Jackson en los Chicago Bulls. Yo a los 3 o 4 años no tenía idea de quiénes jugaban en los Lakers -por azar de la vida, después me enteré que estaban Worthy, Magic Johnson y Divac- y no tuve TV por cable hasta el 97 (desde Marzo a Octubre), y de ahí, hasta el 2010.
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Fui sparring de ese tipo, que me enseñó algunos fundamentos, por dos años. Integré algún equipo en un torneo inter-cursos hasta 6to básico, donde nunca tuve claro si era escolta o alero, porque el base era Medina, y el pívot era Martinez, mi maestro. Salimos segundos, tras haber perdido con un team con gente galleteada de 8vo básico, que llegaba sin saltar a los aros de categoría mini.
En séptimo, discutí por una tontera con Martínez, se metieron nuestras familias y no hubo más baloncesto hasta harto tiempo más tarde. Segundo medio, cuando él se cambió de colegio y recibió las puteadas mías y las de la barra de nuestro liceo, en plenos interescolares que, para variar, perdimos con escándalo -por dos- al haberse comido los jueces de la mesa 3 puntos.
En fin, grandes historias de pueblos chicos. Hoy, universitario, me rio mucho de nuestro chauvinismo adolescente, pero sigo con una especie de nacionalismo que me ha llevado hasta a Puerto Varas, para ir a ver un partido de Tinguiririca San Fernando, el actual campeón nacional.
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Mi relación con el fútbol es más tirante aún. Empezó antes que la del basquetbol, con diferencia, y creo que nací signado con cierto ánimo sufriente. Mi madre me inflingió el bichito de ser de la Católica y no de otro equipo. A ella le gustaban desde los 70's, y disfrutó de la ambivalente condición de ser un equipo "decente" -sus jugadores estudiaban- y campeón un par de años, pero en los 80. Mi viejo es de Colo Colo, y se encargó de que mi hermana chica hiciera la contraparte y disfrutara de más campeonatos que yo.
Mi primer ídolo en la UC, según me cuentan, era Rozental, pero yo me acuerdo más de Gorosito, Acosta, y en especial de David Bisconti y del campeonato que le celebré en la cara a mis primos indios. Mi primera camiseta fue una pirata auspiciada por Samsung, que la usé hasta que se destiñó. Tuve una igual, auspiciada por Parmalat y después, tuve tiempo y dinero para comprar hasta la de los 75 años. Pero en ese tiempo, todo lo que me supiera a Católica era adoración absoluta. Incluso hay fotos de cumpleaños, míos y de mi hermana, donde los adornos eran cruzados.
A pesar de saber un kilo de estadísticas y de datos acerca de todos los equipos, las copas del mundo, las especificaciones técnicas y lo que deben hacer los cracks para ser tales, nunca fui bueno para la pelota y me retiré de un promisorio puesto de lateral derecho, cuando lesioné a un compañero en un cruce. Tenía 15, y nunca supe que la vida me iba a llevar de vuelta a ambas canchas, desde la linda tribuna que te da ser reportero.
Aunque, sea como sea, aún espero ser campeón. Siempre espero ser campeón.

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