No soy Alone, lo sé porque todos los días me lo dicen, pero a veces suelo parecerme.
Es un destino oscuro, feo, de "wannabe". Arrieta jamás escribió nada memorable y se dedicó a revisar escrito tras escrito. Era crítico. Temido y respetado, pero un crítico. Y todos saben que los críticos de arte, pintura, teatro y literatura siempre han sido artistas, pintores, actores y literatos frustrados.
Pero cuando llega a mi un texto que espera ser evaluado, no dudo siquiera en hacerlo. Aunque suene Supertramp en la radio, y los arreboles de los cielos portuarios reflejen tristes destellos amarillos que mueren en la caída de la noche, quizás clamando por sobrevivir.
Leo por primera vez el texto y la batalla en mi garganta empieza a despuntar. Algo ganó, y puedo tragar. La primera bocanada del escrito es sensual. Me lleva quizás a saber qué llevó a quien lo escribió a crear así. Depende de la música, sí, pero es que cada uno tiene la cumbia que sabe bailar. Mi nariz empieza a recuperar los aromas perdidos por la amarillenta flacura del desgano, y llego a la hoja en blanco, el primer punto de giro.
"Que ganas de ayudar a escribirla", me digo, mientras sorbo un trago de Ginger Ale.
Pero la razón comprende que la vida real no es compatible jamás con el libro. Es como esperar que la vida de uno sea un gran escenario, con un gigante titiritero que vicia nuestra voluntad. La dejo, porque al parecer se va. Y creo que no volverá.
La veo bailando, la veo feliz. La veo sintiendo, y yo acá solo como mudo testigo. Me impulsa a más, la veo resuelta, sale Arturo... quién es Arturo?
Los momentos terminan cuando tienen que terminar y duran lo que cada uno los hace durar. Intento comprenderlo, lo hago, pero el diablillo de arriba me plantea preguntas: Estás seguro? Estás cierto?, y vuelvo a releerla.
A las alturas del epílogo, no se si es emoción o pena al verla. La veo llorar, la veo intentarlo. Los pequeños pasos son los más importantes. Y la batalla en mi pecho se relaja hasta querer hundirme en un sopor delicioso, al cual la mente renuncia, porque quiere pensar más, a pesar de que su propietario le protesta.
Yo creía en las ninfas también, pero un día comprendí que hasta los aviones se caen, y que nosotros los humanos, quizás lo perdonamos todo. Miro la ventana. No quedan claros amarillos y la oscuridad cae en la espalda de los transeúntes, bambolea de manera violenta las bolsas de los feriantes, que se mezclan con las basuras que otros dejaron por ahi. Es el mundo real, fuera del refugio donde yo también quise estar alguna vez.
Al final, lo más claro, es la claridad de su modo de ver, y la luz que gobierna mi cabeza.
(Texto de referencia: http://silverlittlewings.blogspot.com/2014/04/tomo-un-poco-de-aire-y-cerro-los-ojos.html)
(Texto de referencia: http://silverlittlewings.blogspot.com/2014/04/tomo-un-poco-de-aire-y-cerro-los-ojos.html)

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