Recogido en: "Edificio de la luz" (2013), BDG Editores.
Los argumentos nunca se escogen arbitrariamente. Es como (disculpando la aberración verbal) ir al patíbulo como ejecutor, sin zapatillas y buscando que tu bala sea la salva y no la real. No obstante, la poca confianza, virtualmente, haría que igualmente lanzases tu disparo hacia fuera del blanco. Por si las dudas y tu consciencia no te dejan dormir.
Sin embargo, si lees hasta acá, espero que duermas bien.
Por ello hay que intentar (y ojalá lograr) sacarse la imagen generalizante del tipo que todo lo sabe y todo lo puede. Generalizar da para todo y te puede llevar a equívocos importantes, que llegan al punto de traer sorpresas a la vida, las cuales sacan la conclusión de que el envoltorio y acaso un tanto más del mismo poco importan.
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| Para los que no creen. Archivo: Ed Gahan, Fotógrafo de Guerra. |
De hecho, tal factor me hace recordar un feliz momento. Junto con Ricardo Tapia, fiel testigo del caso; el fotógrafo de guerra Ed Gahan, famoso por sus instantáneas; y Doble Ele -al que creo, ya lo conocen- me situaba en un bar del centro de Leipzig, en mi querida RDA (lo presumo por el uso del pasaporte), o quizás fue de Rancagua, en la VI Región... La verdad es que ya no es tan importante.
Ahí, pues bien, conocí a la mexicana que después de un tiempo se convirtió en mi querida ex esposa. La conocí, digo, porque después de dar pena cantando en karaoke una canción de Julieta Venegas para impresionar (N. del R.- Lo que hace uno para entretenerlas), aceptó darme hasta su dirección.
Y por ahí descubrí que la Ari también escribía. Lo hacía en una página en donde el Manual de las Cabronas parecía la Biblia y la donde ella misma se demostraba como una activa y enérgica partidaria del desenfreno, cuando al final del día resultó ser más tiernucha que nadie. Así que ni hablar -ni atender- las solicitudes de compra de artículos BDSM que querían que adquiriese, incluyendo ofertas de tres por dos.
Generalizar es malo, claro está. Es por eso que extiendo la invitación: denle la mano al tuja, al facho, al rojo, al feo, al humilde y al más charcha. Quizás este último no es tan charcha y si me equivoco, por lo menos obtienen algo que es aún más escaso: Un modelo para no seguir.
Hoy, en tiempos en los cuales previsiblemente nos veremos obligados a escoger entre lo nefasto y lo imbancable, subsistirán flores del fango que van a desmarcarse y proveer un valor. No crean ni se imaginen los látigos, las esposas y los disfraces de enfermera antes de tiempo. Pero si igual lo hacen, no terminen escribiendo acá.
¿Se entenderá lo que quiero decir?
Con infinito respeto.


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