En: Cuadernos de Ensayo y Error (2010)
Editorial: Litigant
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| Es como la estación que siempre espera. |
La vida comienza en un suspiro, y cuando sea, te hace bajar 21 gramos a base de otro. Ese es el final. La liberación de todo. Pero dentro de lo que está en medio nunca nos hemos preguntado todo lo que podría significar un suspiro, en la eventualidad de cualquier cosa. El suspiro es polisémico, polimórfico, hasta políglota. Es un signo implantado en cada uno de nosotros. Es energía de alta carga, como un plutonio de alto grado.
Recuerdo haber imitado los suspiros de impaciencia y hastío que mi padre daba cuando se enojaba. A su vez, él los había imitado de su padre. ¿Sería alguna tradición mapuche? ¿De las salinas tierras de Cahuil? ¿De los indios promaucaes? No se. Pero así lo aprendí, y por imitación también pude constatar también las variaciones que a veces no me dejan dormir. Para bien, eso sí.
El suspiro es amargo en Bolivia, quizás por qué, pero es dulce en Perú. También en Argentina, donde se reservan para las monjas y los bañan con azúcar, producto del anarquismo ateo de los panaderos de la década del 10'. En España, Olaizola los usaba para graficar el estado de ánimo de una señora llamada Angustias. En Inglaterra se confunde con un susurro, porque la flema local los hace sonar igual. En Chile el suspiro no contiene todo lo que quisieramos que contuviese, porque hay muchas más ganas de gritar.
Es la última reacción de la puñalada trapera en el hombre, y de la puñalada de carne en la mujer. Es adrenalina pura, es estar a menos de un metro de los labios (los que sean) de la persona que siempre fue tu target. Se trata de algo que podría significar lo importante o algo intrascendente. Vivimos para suspirar de alivio, resignación, alegría en muy raras ocasiones, como la del amante de ocasión del que alguna vez habló Stevie Wonder. Y resulta que nadie preguntó nunca para qué servían o qué eran, para no pegarse este carril.
Yo creo... creo que lo hago porque mañana voy a suspirar alguna vez.
El suspiro poético, amigos, es incluso, lo que le queda a una jauría de perros echados a morir.

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