Ya bajamos la afluencia.
A veces ni siquiera usaba los seven seconds y aprendí que todo es bueno en su justa medida: El Tanqueray que me bebí anoche, Los escritos en el blog, la utilización de colonia, el libertarianismo y el twitter.
Yo no se si es un logro o una derrota, pero ya en el día seis de la baja de decibeles me he puesto hasta perceptivo. Saber lo que le pasa al del frente podría ser muy útil ya que el 94% de nuestra comunicación, siempre visceral y consciente, es no verbal. Sin embargo hay posibilidades de que la misma sea nociva, en dosis que te puedan hacer vacilar en actitud.
Así con el sushi, el bikram yoga, el veganismo incipiente, los productos para la calvicie, el viagra, para los viejos; la depresión estacional y el circo. Todo suma, pero si sabemos cómo administrarlo y si nos encargamos de que no quede todo bajo el control de un mono con navaja o algo así.
En fin, creo que la forma incorrecta no es fracasar, es el no decidir. Todo ahora está en sustituir lo innecesario.
Y ahora... ¿Qué?
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