Fue poco, pero intenso. Un encantamiento fugaz que bien podría ofender a quienes
tuvieron una larga y poderosa relación con una estación radial
que los enamoró desde que se perfiló como el nicho de los que disfrutaban de la
vanguardia, de lo alternativo, de esa buena música que no iban a escuchar en
otras radios que preferían irse a la segura.
Horizonte
fue la casa de muchos, y no pudo ser más que una residencial cálida para mí,
maleado por lo “kitsch” de pueblo chico y rehabilitado por la Oasis, su emisora
hermana. Fue por eso que la voz de Julián García-Reyes, a la hora de despedir
Oasis, no me causó la misma emoción que el último mensaje de Rosario Grez, sucedido por "Wake Up" de Arcade Fire. Fue el
último grito de una radio, como si así agradeciera a los miles que se atrevieron a formar parte de algo, en lugar de sólo poner un dial.
Con
la Horizonte empecé y terminé como un auditor y ahora que trabajo en radio, me
gustaría poderles haber dicho “colegas” alguna vez. Hubiese sido un honor. Pero a pesar de
que llegué cuando el tren partió, hasta hoy puedo ver que el espíritu vive y
sabe sobrevivir en la lógica de un negocio que siempre ha sido así. Sí uno tiene ganas de vender, otro compra.
Si los nuevos ganan, los viejos pierden.
Por
eso tampoco me sorprende la noticia de que TOP FM –la que sucedió en el dial a
Horizonte- se acaba, para dar paso a una radio informativa, a pesar de haber
celebrado un cuarto lugar de audiencia en una encuesta nacional. Business is business.
Veo artículos viejos en la prensa. Algunos escritos con pena, otros
derechamente apocalípticos, pero todos de acuerdo en que la desaparición de lo
alternativo era inminente, y que por culpa de los consorcios todo se había
convertido en una playlist donde podía sonar una que otra de Beach House, de
The Postal Service, de Bowie, de Dënver, o de LCD Soundsystem, pero intercalada
con una Cristián Castro u otra de Erasure. No servía, no era lo mismo, y no iba
a ser lo mismo.
Sin
embargo, estamos en otros tiempos. Ahora veo a Humberto Sichel consolidándose
en la noche de Chilevisión, con su estilo aplicado y mateo. Ina Groovie
resiste con su Cocaví en alguna radio web. No faltaron –era que no- los chicos
y chicas que se encontraron con Nico Castro en la Rock & Pop, y que no les
importó que su Plan Maestro se emitiera en las ondas de otro consorcio (PRISA).
Otros se parapetaron en la Zero, o en la Molécula, la Niu, la Rinoceronte, y en tantas otras listas de Spotify.
Nada
se murió. Nadie se murió.
Es
que llevan la Horizonte con ellos, como esos tatuajes que escondes bajo la
polera cuando supuestamente te llega la mal llamada “madurez”. Esos que
reservas para mostrar cuando llega alguien que habla y comparte tus mismos
códigos.
En
la radio, como en la vida, hay cosas que nunca se van.
Se
reemplazan, quizás, pero no se van.
(fade out)

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