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martes, 17 de marzo de 2015

HORIZONTE: Un corto romance radial



Fue poco, pero intenso. Un encantamiento fugaz que bien podría ofender a quienes tuvieron una larga y poderosa relación con una estación radial que los enamoró desde que se perfiló como el nicho de los que disfrutaban de la vanguardia, de lo alternativo, de esa buena música que no iban a escuchar en otras radios que preferían irse a la segura.

Horizonte fue la casa de muchos, y no pudo ser más que una residencial cálida para mí, maleado por lo “kitsch” de pueblo chico y rehabilitado por la Oasis, su emisora hermana. Fue por eso que la voz de Julián García-Reyes, a la hora de despedir Oasis, no me causó la misma emoción que el último mensaje de Rosario Grez, sucedido por "Wake Up" de Arcade Fire. Fue el último grito de una radio, como si así agradeciera a los miles que se atrevieron a formar parte de algo, en lugar de sólo poner un dial. 

Con la Horizonte empecé y terminé como un auditor y ahora que trabajo en radio, me gustaría poderles haber dicho “colegas” alguna vez. Hubiese sido un honor. Pero a pesar de que llegué cuando el tren partió, hasta hoy puedo ver que el espíritu vive y sabe sobrevivir en la lógica de un negocio que siempre ha sido así. Sí uno tiene ganas de vender, otro compra. Si los nuevos ganan, los viejos pierden.

Por eso tampoco me sorprende la noticia de que TOP FM –la que sucedió en el dial a Horizonte- se acaba, para dar paso a una radio informativa, a pesar de haber celebrado un cuarto lugar de audiencia en una encuesta nacional. Business is business.

Veo artículos viejos en la prensa. Algunos escritos con pena, otros derechamente apocalípticos, pero todos de acuerdo en que la desaparición de lo alternativo era inminente, y que por culpa de los consorcios todo se había convertido en una playlist donde podía sonar una que otra de Beach House, de The Postal Service, de Bowie, de Dënver, o de LCD Soundsystem, pero intercalada con una Cristián Castro u otra de Erasure. No servía, no era lo mismo, y no iba a ser lo mismo.

Sin embargo, estamos en otros tiempos. Ahora veo a Humberto Sichel consolidándose en la noche de Chilevisión, con su estilo aplicado y mateo. Ina Groovie resiste con su Cocaví en alguna radio web. No faltaron –era que no- los chicos y chicas que se encontraron con Nico Castro en la Rock & Pop, y que no les importó que su Plan Maestro se emitiera en las ondas de otro consorcio (PRISA). Otros se parapetaron en la Zero, o en la Molécula, la Niu, la Rinoceronte, y en tantas otras listas de Spotify.

Nada se murió. Nadie se murió.

Es que llevan la Horizonte con ellos, como esos tatuajes que escondes bajo la polera cuando supuestamente te llega la mal llamada “madurez”. Esos que reservas para mostrar cuando llega alguien que habla y comparte tus mismos códigos.

En la radio, como en la vida, hay cosas que nunca se van.

Se reemplazan, quizás, pero no se van.

(fade out)


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