Universidad Católica - Colo Colo
Estadio Nacional de Santiago, 1994
La semblanza tosca que llega a mi mente es la de un espigado lateral, que se desplaza por el vértice izquierdo del área rival, recordando sus tiempos de delantero y perforador de redes. El ídolo corre con varios adversarios al acecho. También lo hace aguardando el pase de un compañero y con la camiseta roja que no disimula ni esconde que su corazón es blanco, blanco surcado con un río de sangre azul que templa su alma de caballero del campo.
Los rivales buscan faltarle el respeto en repetidas ocasiones, tratando de privarle de ese privilegio que es tener el balón. ¿Con qué derecho cuestionan lo obtenido y ganado con tanto esfuerzo? Es entonces, ya casi terminando el partido, donde en una fracción de segundo y en un gesto de rebeldía el astro mismo se desprende de la pelota. El esférico emprende un vuelo aguileño en su desborde, en una aventura que busca el triunfo durmiendo al fondo de la valla que custodia un centurión amarillo y de rostro hosco. Es ese mismo guardián el que se da cuenta de que el torpedo lanzado por nuestro Mumo Tupper es inalcanzable, es imparable, es ese que ni siquiera da en el poste y que se transforma en un gol de otro partido.
Un golazo.
Un gol de un cruzado caballero que lo celebra con varios compañeros pero en su estilo mesurado, porque la sencillez es el sello eterno de su calidad y su estampa. Porque entiende que en la victoria hay que ser sereno al igual que en las derrotas. Porque entiende que hay batallas más importantes que en ese y otros momentos se libraban dentro de él.
Batallas que eran partidos interminables, donde el único premio era conseguir su libertad.
In Memoriam
RAIMUNDO TUPPER LYON
(1969-1995)
Matías N. Llanca

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