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La controvertida portada de la antología del vate, hace la conexión con un antepasado que rechazaría su rebeldía.
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"Estamos pegados. Que se quedó pegado en el colegio, en la Universidad; que se pegó con los pitos o con la droga que sea; que la música; que el fútbol, o, tal vez lo más relevante, quedarse pegado con la sinrazón del olvido, del no perdón, de la envidia.El quedarse pegados en conservar; en fin, despegarse es, como dice la palabra, emprender despegue."
Manuel Bulnes, Quedarse pegado (2013)
Se escucha un rumor en el Barrio Almendral, tan clásico como ajetreado, en los alrededores de Valparaíso. De pronto, una impronta ilustrada de ropaje verde invade el monotema convencional de la mañana abriéndose paso y desviando un poco la atención. Luego, a modo de cambio de toma en las clásicas películas Super 8, la figura del sujeto ya se encuentra en un rincón de preferencia acompañado de un vaso, presumiblemente con un Bloody Mary. La gente descansa, tras haberle visto entrar.

La vida de Manuel Bulnes es así, un tipo que ama lo mundano porque en ello encuentra el sueño republicano, que según él muchos ostentan. Porque la vida, quizás, es más criticable desde una silla que permite visualizar con detenimiento los detalles de la realidad política y los claroscuros que proyectan sus propias vivencias. Y asimismo lo ha entendido la crítica, que ensalza cada día más el género que creó, bautizado por él mismo como la "editorial planchera", una mezcla del barniz de los heterónimos del lusitano Fernando Pessoa, con la contingencia nacional, que cada día aporta detalles para sentirse abrumado o revitalizado.
Pero esta es la vida actual de un autor que se ha marginado voluntariamente de los grandes círculos, atribuyendo a esto, la facilidad de la distracción que conlleva estar rodeado de aduladores más que de críticos. En tiempos anteriores, Bulnes representó lo que su histórico antepasado buscó evitar: La encarnación de la libertad en el vivir, sin la necesidad de un orden, tema recurrente en sus obras, que recuerdan a la alegría de un Norman Mailer extasiado ante los gritos de "¡Alí, Bumayé!", dados por miles de ciudadanos de Zaire ante los golpes del boxeador que bailaba como Nureyev, pero que picaba como avispa.
Pero de la vida del vate poco se ha hablado, porque él no quiere (de hecho, llamó a este servidor, procurando que no lo hiciese) y porque lo encuentra absolutamente innecesario para la comprensión de su registro. "Soy viñamarino, pero porteño por adopción", replica ante la insistencia, con un ademán que enfurecería a cualquier evertoniano existente. Sin embargo, la andanada creativa encuentra sus inicios en un Manuel que, siendo estudiante de Derecho, plasma la vida diaria en su opera prima: "Papas, Cebollas, Arvejas" (2002), en donde cada soneto iba en honor a lo consumido y lo consumado, a modo de homenaje a la familia.
De ahí, en más, una incipiente carrera deportiva, truncada una y otra vez por las lesiones, lo alejarían de la espiral literaria, hasta que una fuerza mal trabajada -que devino en una fractura- lo envía a una larga y extensa recuperación, de donde saldría "Les juro que me caí" (2004), donde exculpa al fútbol, su pasión, de todas las desgracias que le habían ocurrido y donde sitúa al deporte como un desahogo legítimo ante la amenaza atosigante del Estado. En pocas palabras, Galeano, un poroto.
Pero la primera crónica que Bulnes escribe -El Estadista (2006), basada en la imagen de Ricardo Lagos-, la hace con la esperanza de que los mismos de siempre cumplan con su periodo y vuelen del poder, incluyendo al homenajeado. Ello le vale cierto desprecio desde el lado de los escritores más del mainstream, los cuales coparon los cupos de proyectos estatales en el gobierno de Bachelet, dejando a Bulnes huérfano de editoriales hasta 2009, cuando saca a la luz de manera independiente "La señora que no hablará" (2009), casi una predicción de lo que habrá en el panorama político a partir de 2010, fecha en la que recopila algunos trabajos no publicados en su, a veces, desencantado y prolífico periodo universitario, y lanza "Diplomado de Cartón en Salamanca" (2010), obra que le valió la crítica de la academia más tradicionalista, y los aplausos del sector liberal, al que se allegó definitivamente.
Con el cambio de década, Manuel refuerza sus convicciones, y afronta un desafío que su padre, en su momento, también abrazó. A modo de tributo escribe tres crípticos libros de su situación: "Dos Familias" (2010), "Búfalos Mojados" (2011) y "Cosas de Picapiedras" (2012), todos con una dedicatoria distinta, "a Los Carrera", "a Valentín Letelier" y "a Francisco Bilbao", respectivamente. La serie, bautizada como "Constructores de la República" actualmente es record de ventas dentro del tópico de la no-ficción, desbancando a autores de la talla de Al Gore (con su última aventura medioambiental) y Tom Wolfe.
2011 fue el año de la compilación y asociación. Bulnes se puso manos a la obra, junto a su amigo literato Ricardo Tapia, con el que procedió a juntar concreción y estadística en las letras, trabajo que les valió la recepción de excelentes críticas de parte de semanarios económicos y revistas literarias alrededor del globo. Obras como “Con Todo Respeto“ (2011) y “¿Puede ser o no?“ (2012), fueron parte del repertorio con el cual dieron una mirada más formal a lo mundano.
Pero llegó 2012 y con él, el rumor del "fin del mundo", pero no del fin de la obra de Bulnes. "Libre Competencia" (2012), demarca el retorno del autor a la poesía, en donde pone de manifiesto su compromiso con la libertad, la igualdad de oportunidades y la justicia social. Seguiría escribiendo desde los márgenes, poniendo en acción lo mejor de su trabajo como académico en una serie de folletos como "Estructuras Rawlsianas" (2012), "La influencia de Popper" (2012) y "La génesis del caminante" (2013), en donde sitúa, paso a paso, su proyecto de colectividad política ideal. Quisimos preguntarle, a causa de esto, cual era la influencia que había incidido directamente en su última obra, pero no nos dijo nada, y se limitó a tararear el tema de entrada de la serie "Mad Men". En fin, cosas que rodean a los genios.
Aun hay más. En 2013, este Don Draper de las lineas líricas abordó proyectos fuera de lo común. Firma un contrato inusual con BDG Editores, para expandir y exportar su obra a países como Austria, España y Alemania, naciones que le reciben con gran interés, ya que pocos autores abordan la libertad desde un espectro sudamericano. Y, es que para estos países, aunque duela, aún la mayoría de los sudamericanos duermen en la calle con amplios sombreros y cantando "La Bamba". De ahí, que Bulnes establezca un nexo especial con la "Madre Patria", en especial con Madrid.
Pero su aventura europea no mina sus sueños de sencillez. El vate siempre ha cultivado anhelos cotidianos, el más notable es el que da nombre a esta antología, proximamente publicada por BDG: "Si hay algo que siempre he querido ser, es un maestro planchero. Que me pidieran lomitos, churrascos, barros lucos y yo ahi, manejándome con la plancha. Lo mejor es cuando no tengo que hacer ná. Ahí me pongo a limpiar todo". Pues bien, ahí otro arrebato de humanidad del que los críticos han designado como el más sobresaliente cronista de su generación, el cual, a confesión propia, desea reeditar sus obras, al terminar su ciclo de editoriales radiales, que lo tienen incursionando más allá de "la letra muerta".
Es de esperar, eso si, que lo mejor esté por venir. ¿Puede ser o no?
Viva la libertad.
Viva la libertad.
Manuel Bulnes, Maestro Planchero - Antología.
BDG Editores. 2013. 633 páginas.
PRECIO: $13.330 en librerías. €40 en Amazon.com (para el extranjero).
(En Lastarria se vende por otro precio, al ser un autor que algunos creen "mainstream". Malditos hipsters.)

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